Siempre me enseñaron que los golpes, demuestran falta de argumentos. Desde los guapetones de barrio hasta los políticos que abusan de su poder. Menudo impacto tuvo en mí conocer que habían golpeado a Yoanis y otros compatriotas de la blogosfera cubana, rabia, indignación, y deseos de arrancarle la cabeza a alguien como en las películas de horror.
Lo que le pasó a Yoanis fue un disparate y de los grandes. No fue sólo una acción en contra de un ser humano, fue además una amenaza contra la libertad de expresión de nosotros los cubanos. Fue un intento de acallar la voz que hace doler sus heridas. No creo que puedan callar a Yoanis. No creo que puedan con ella, no creo que puedan con nosotros. Ese intento desesperado fue algo poco inteligente, o muy inteligente, y les explico la razón.
Quienes intentan callarla deben de ser lo suficientemente astutos como para saber, que tal acción contra ella, solo empeoraría las cosas. Golpear a un ciudadano es un síntoma de impotencia, es además característico de esa dictadura a la que estuvimos subyugados antes del 59. Con tanto intelecto con el que nuestro hombres “de arriba” trabajan. ¿No sabían eso? ¿No se imaginaron que sería peor el remedio que la enfermedad?
¿Fue intencional el error? Es la pregunta. Pues creo que sí. Hay en nuestro gobierno quienes quieren repartirse los pedazos, quienes están contando e imaginando qué pasaría el día que “esto se caiga”. Detrás de la golpiza a Yoanis, hay uno que quiere un pedazo, y comete errores para desestabilizar su propio gobierno. El tiene su pedazo reservado, pero mientras el tren siga andando, aunque tambaleante, no puede tomarlo. Así que este fue su aporte. Enviar a que golpeen a un grupo de bloggers y que puedan contarlo.
Segura estoy que disfrazó su idea, diciéndoles a sus superiores que pretendía infundir miedo. Pero no, su idea es ir cavando el terreno para su pedacito de premio. Golpear a Yoanis solo acortó los días, aunque por otros motivos, el muy hijo de perra, desea lo mismo que nosotros. Así que le doy las Gracias. Por ahora.